El sacramento de la confesión


Chicos, hoy quiero hablaros de algo realmente increíble: el Sacramento de la Confesión. A veces, nos cuesta entender lo maravilloso que es, pero si lo miramos bien, veremos que se trata de uno de los mayores regalos que Dios nos ha dado. Dios no es un juez distante que está esperando que cometamos errores para castigarnos; es un Padre que nos ama profundamente y que siempre está dispuesto a perdonarnos, aunque nos hayamos alejado de Él.

Imaginaos esta escena: Un hijo decide marcharse de casa, gasta todo su dinero en cosas que no valen la pena, se equivoca y termina solo y perdido. Al final, decide volver con su padre. ¿Qué creéis que hace el padre? ¿Lo reprende? No, ¡lo recibe con los brazos abiertos y hace una fiesta por su regreso! Esta es la parábola del Hijo Pródigo, y es la imagen más clara de lo que pasa cada vez que vamos a confesarnos. Dios nos perdona y nos da una nueva oportunidad, una y otra vez.

Os voy a contar un par de ejemplos de personas que supieron apreciar este regalo de Dios:

  1. San Pedro, el apóstol que negó a Jesús tres veces. Imaginaos lo que debió sentir cuando se dio cuenta de que había traicionado a su mejor amigo. Pero después de la resurrección, Jesús lo buscó y le perdonó, y no solo eso, sino que le confió la misión de ser el primer Papa. Pedro aprendió que el perdón de Dios es más grande que cualquier error.
  2. San Agustín: Durante años vivió como si Dios no existiera, en una vida llena de excesos. Pero tras una larga búsqueda y las oraciones de su madre, Santa Mónica, Agustín descubrió a Dios y encontró el perdón. No solo fue perdonado, sino que se convirtió en uno de los grandes santos y en un pilar para la Iglesia.
  3. Santa María Magdalena: Había llevado una vida lejos de Dios, pero Jesús la miró con amor, la perdonó y ella cambió su vida por completo. Tanto fue su amor y su conversión que fue la primera persona en ver a Jesús resucitado. ¡Qué grande es el perdón de Dios!

Todo esto os lo cuento para que entendáis que nadie está demasiado lejos de Dios. No importa lo que hayáis hecho, si os arrepentís y vais a Él, os acoge con los brazos abiertos. El Papa Francisco dice que el confesionario no es un lugar para castigar, sino un lugar de encuentro con la misericordia de Dios. ¡Y es verdad!

Así que, cuando os sintáis mal por algo, no tengáis miedo de acercaros al Sacramento de la Confesión. Ahí no hay juicio, solo amor. Dios nunca se cansa de perdonar, porque su mayor deseo es que viváis felices y en paz.


En cuanto a una película, te recomiendo “Los Miserables” (2012), basada en la famosa novela de Victor Hugo. En esta película, uno de los personajes principales, Jean Valjean, es perdonado por un obispo tras haberle robado. Este acto de misericordia cambia por completo su vida y le lleva a vivir de manera honesta y con un corazón lleno de bondad. Es una imagen poderosa de cómo el perdón puede transformar a una persona.